Alta Fidelidad

“¿Has oído Space Odity cien veces? Has perdido alguna vez el hilo, como si te quedases colgado de alguna pregunta (…) Estas colgado de una canción y te crees que lo puedes adivinar todo a la distancia. Por un momento crees que lo sabes todo, te sientes jodidamente bien. Es la misma canción una y otra vez, puedes sentir lo mismo diez o doce veces (...). ¿Has oído Starting Over cien veces seguidas? ¿Sabes de qué coño estoy hablando?
Ray Loriga
Un abuelo melómano reconoce  en un vinilo instrumental  que los Beatles también hacían música.
Otro abuelo  escucha a horas pares e impares un tango que en su juventud tampoco estaba tan bien visto, como en su momento lo fue el rock.
Inseparable de la radio, noté que la voz engolada de los locutores iba pasándose de moda porque el dial habría cambiado para siempre: El dorado FM y la X.
Un  cancionero de Sting, nos recuerda que llora él, lloro yo y el cielo también.
Una pelada rompe la foto de Juan Pablo II.
Tracy Chapman recibe un premio con lo puesto.
Madonna se pone un sutién con conos.
Depeche en diferido.
Rock in río.
Un último concierto en una terraza.
El  hombre más famoso que Jesús ama a una asiática.
Ella es mayor que él,  es fea y canta kiss kiss kiss,  kiss me love.
Alguien escucha comfortable numb en una pensión sin ventanas hasta olvidar la oscuridad absoluta.
Distorsiones
Un paseo con los fabulosos al paso de Madness
Chicos punkis en la feria Villa Biarritz.
Una ciudad que deja de ser industrial para convertirse en germen de garaje.
Gente que anda diciendo que el rock está muerto pero que Elvis sigue vivo.
Que todos están vivos
La leyenda del encendedor blanco a los 27. Y que la tumba de Morrison, y que las transfusiones de sangre.
Preferir los dublinenses al Ulises de Joyce.
Leer  los subterráneos y escribir en la carretera.
Llegar a una encrucijada en la que nunca estuve ahí.
Escuchar my name is luca y llorar.
Escuchar a Kasabian y bailar no tan solo.
Escuchar a los redondos y que algo no nos cuadre.
Salir del gueto. Volver al gueto con una piedra
Salir rodando del gueto y quedarnos con el rock.
Volver al gueto pero escuchando UB40.
No saber cómo ordenar los discos.
No saber dónde poner a Sparkehorse si el día está lindo
No saber dónde poner a Jeff Buckley si el día está feo
No saber por qué Kurt

Y otras divisiones que,  ni las pelotas…  con sumo respeto




El loquero (Intro)


Yo podría ser ella. Bebe agua en el bus y la tapa como estuviera bebiendo alcohol. Podría ser también esa chica que se viste de gnomo, se pinta de verde, los ojos, como si no hubiera un mañana.

Yo podría ser esa señora obesa por un problema con sus tiroides. Tener machacado el cuerpo, amaicenado la entrepierna.

Podría ser esa mujer que olvidó su nombre, junto a su cédula, y ya no tiene casa.

También esa joven que espera –inquieta- que la atienda el psiquiatra que compartimos, en la sala que compartimos. Ella hace un movimiento bamboleante de atrás hacia adelante con su cabeza primero. Y después con su torso. Yo podría ser ella.

También podría ser esa mujer con el síndrome de mujer poco amada. Se desnuda cuando llega a su casa y se mira al espejo. Todo en ella, desde sus pies, pasando por sus senos hasta su pelo, le parece feo. Entonces llora. Al llegar su esposo su cara está hinchada de tristeza.  ¿Ves? Le dice, como quieres que alguien te quiera.

A “La Calandria” la olvidaron en el loquero. Alguien la depositó allí, como si fuera un paquete. Nadie viene a verla. Ni le traen cigarrillos. Ni tarjeta telefónica para comunicarse con sus seres queridos. A “La Calandria” le han dado el alta y se quedará en la calle. “La Calandria” ha llenado la pared con su propia mierda cual si fuera una obra de arte. Es claro que ya no se irá.


Yo podría ser como ellas. De hecho. Tengo una enfermera que me sopla en la nuca, me ha atado con un candado en la espalda. Y yo no me quejo.


Gracias

Podría haber sido el éter

la boca toda

trémula mirada

 (sin fin)

Podría haber sido acaso la niebla silenciosa

la historia inagotable

que presagia una tormenta

(las noches vienen y se van)

Podría haber sido tal vez su aroma

(que no alcancé a olfatear)



Gracias
             (chico lila)
                      me has devuelto
                                          a mí
                                               




el viento

El viento insistía en ser torbellino.
Raudales de masa redonda.
Nunca volveré a escribir un verso como aquél...

Si quieres saber algo, estoy un poco cansada.
fumo demasiado, he olvidado todos mis trucos

Si quieres saber algo de mi podríamos caminar un día.
Tomar un helado. Jugar al ring raje.
Ver que encontramos, por ahí.

Pero el viento insistía en ser torbellino,
y a mi se me iban agotando las canciones.

Si quieres saber algo de mi, podríamos caminar, ya sabes, algún día.
Tomar un helado.
Jugar al ring raje, ver que encontramos, por ahí.

Y a mi se me van agotando las canciones.
No huelo a nada.
Sabor de mar.

Las noches yacen incendiadas ¿Dónde estás?
No huelo a nada. ¿entendés?
Sabor de mar.




Verso circular

Y entonces insisto en volver a tu recuerdo
a tu mirada
al olor de tu ciudad que todavía queda en mis dedos
como un reflejo
la humedad que todo se lo come
la obviedad de querer matarnos con un beso
mesa mediante
Y entonces es cuando insisto en volver a tu recuerdo
tu sonrisa carcomida
tu ironía destilada
Ese olor a hospital que se nos escapa
E insisto en volver a tu recuerdo
macerados como copas
de árboles bajo las tinieblas
de músicas arbitrarias
e insisto en volver a tu recuerdo
porque sí
porque me da la gana
porque te quiero
porque estoy borracha
porque podrías haber sido
el padre de los hijos
la vida de la vida
la sangre de la sangre
el viaje de los viajes
alucinando
junto a mi
junto a un lecho deslucido.

Porque te quiero, repito
porque me da la gana
y porque a estas alturas, que importa, ya
el rumorear al pasar
de las voces ajenas
del tiempo sin sanar
las oscuras vértebras
del pan mal comido
la ropa raída
del fin de los tiempos
deslucidos
como delirios
que ya no te dicen
vienes conmigo?

Y entonces insisto
en este verso circular
en esa deuda de tu olor contra mi olvido.





El cerdo

Y ahí estaba, ya de viejo, llorando como un marrano. Llorando en toda la boca. Que no era de lobo ni de pasta.  Sino de sed del tajamar. Del río que se abre solo, allá, en la coyuntura.

Estaba llorando de viejo, cuando empiezan a doler los riñones. Tal como aquella pequeña niña había soñado cuando lo veía sacar el machete... siempre disimuladamente.

Estaba llorando porque los ángeles vengadores existen y tienen cara de noticiero de la tarde y siempre es a la misma hora. Estaba llorando porque la justicia poética existe y aquella infanta sola y desnutrida se había conseguido un hermano mayor. 

Que todo lo ve. Y lo que es peor: que todo lo dice.


Estaba llorando porque los dos suelen jugar a hacer sapitos en el agua, como si ninguna niñez hubiese sido menguada. Y lo dos reían. Y el llorando como un marrano. A moco tendido. Porque la memoria nunca es incauta. O no tanto.

Y lloriqueaba como ese cerdo que va a contracuerda sabiendo cuál será su destino.

Porque lo engordaron lento. Porque la paciencia puede. Porque ya ha visto dónde le han puesto todas las cámaras, 30 años después.





 

Intento de poema de amor II

Porque no hay donde acordar
el vacío se sumerge
Porque no hay donde buscar
los volcanes se han extinguido
Porque no cerraré las puertas
pero tampoco las dejaré abiertas
Porque aún me queda el olvido
que no es otra cosa que pensar
Porque no hay anzuelos capaces
de poder morder tu boca
Porque tengo resaca de clona
y no veo ya nada
Porque tengo sueño de soñar
las mil retinas de tus pupilas
que no son más que viento
que no son más que mar
que no son más que
un puñado de canciones
que jamás, pero jamás
podremos escuchar juntos.

Del amor al desamor
hay sólo un poema
un click en el bocho
una luz más allá
Del amor al desamor
no hay más que heridas
hechas sin querer
Del amor al desamor
hay esa ternura llena de
esperanza y magia
como cuando te vi

Y ayer?
Ya no hay ayer?
Y hoy?
Ya no hay mañana


ahora

Ahora que no me miras
y el reflejo de tu mirada ya no es mi rostro
Que estás allí
haciendo quién sabe qué
y los náufragos claman a gritos
Ahora que la distancia es óptima
podría armar helados de helio
para que los sople el viento
y vayan hasta vos
a rescatarte de qué sabe qué
y mirarte
y ser de nuevo el reflejo de tu mirada
Ahora que no me escuchas
puedo decir ahora
que ya es bastante
que ya es mucho
que ya lo es todo
o casi todo
si tu mirada estuviese acá.

Intento poema de amor I

Oh nene, ya están prontas todas las playas al resguardo del peor sol

Nos llaman las estrellan manejando carreteras pletóricas de
nuestras mejores bandas sonoras

Oh nene, las miradas no nos confunden

Lo supe en cuando te vi

Nos llaman las melodías que todavía no escuchamos -juntos-
el beso en el fondo del mar, la salitre del cuerpo.

Tus ojos en los míos.

Oh nene, lo supe en cuando te vi

Todos esos fantasmas serán expulsados
de nuestra cama

y digo nuestra, como nuestra pobreza.

Oh nene, comienza a correr
de mi mano



Y aquí me tenés

Y aquí me tenés.

Escuchando música sureña. Olvidando el olvido. Escribiendo poco. Sabiéndome en mi poca estructura. La no clase. Fumando mucho.

(Ese humo que no pega, esa promiscuidad que no se lava)

Soñando, por qué no, contigo. Viviendo sola. Lamiendo heridas viejas. Cantando Let me roll it. Ja.

(Esa canción que no me gusta, esa vida que ya no es tuya)

Y aquí me tenés. Escribiendo poesía barata. Soñando el sueño. Buscando las palabras. Sabiéndome pensionada de viejos sueños.



(Pero amando, que también es gerundio)




Disculpá la demora

Entre el amor y el desamor, 
el sol amanece entre fluctuaciones rojizas:
nada de pena.

Un imposible,
mi vida en Beirut,
quema las naves en megalómanos trances
de euforia platónica.

Ya no hay ruegos,
no hay lamentos.
Demoliciones de casas malacabadas.

Sueño contigo
¿Sabías?

Ahhh, soñar contigo.
Ese placer del que no podré informarte,
disculpá la demora.

awen

Vamos chica, abre la ventana.
El dulzor más amargo suele escaparse con el viento.
Sopla y suave brisa toca que la piel está, y estremece cuando ríes.

Mi brevisima amistad cobarde, cobarde y valiente,
ya no hay lugares para todo aquello que aborrecemos en las historias del ayer
y los comienzos de los días.

Vamos chica,
de traiciones está repleto el paraíso,
y todos sabemos que para ello no es preciso que nos maten.

Que hay lenguas que escupen fuego, sí,
siembran el pánico,
derriban nuestros árboles.

Balbucean,
y cuando ya no los vemos sus ojos empequeñecen con fulgor
y sonríen, pues su trabajo está hecho.

Y tu estás allí aplastada,
arrancándote desesperada la parte más fina del cuero cabelludo


Chica loca, de rizos eternos:

¿Qué interesa lo que ha sido lo que no fue lo que será mañana?

¿Qué interesa quién ha sido, quién dejó de ser, quién aparenta y quién es?

¿Qué interesa si ese aliento nubló tu rostro?


¿Saben, acaso, de que está hecho el verbo que deja la fragancia de tus manos?


Vamos chica,

Abre esa ventana

Psicoaparatos

Psicoaparatos


<¿Cómo podéis hablar a la mente de Ender?>
<Desde que sabemos dónde está,
resulta tan natural como comer>
 O. Scott Card



El asunto no era precisamente el dolor de ovarios, eso era tolerable; el problema en sí era la otitis. Me había comenzado a doler el día anterior, o la noche, en un sábado cualquiera, sin gente, sin amigos, y sin libros.

Al levantarme estaba aun peor, me había dado cuenta que no sólo el dolor había empeorado sino que no tenía ibuprofeno y no tenía dinero y además era domingo...  Bingo.

Llevé el ventilador a la habitación, y busqué una canción que no me molestara demasiado. Puse el Protection con la intención de escuchar sólo Better Things a modo repetición, ya que escuchar todo el cd de Massive Atack no le hace demasiado bien a mi corazón, y me acosté a disfrutar esa canción una y mil veces para poder por fin evadirme, pensar en cualquier otra cosa que no fuera sufrimiento.

Había pasado en la vida por varios problemas ya y por varios dolores de cabeza y demás pero nunca por un dolor así, como si alguna máquina maldita estuviera taladrándome por control remoto...  pensaba inmediatamente, bah, en una guerra se sufre mucho más, si te mutilan sin anestesia debe ser más doloroso, esto es un simple dolor de oídos con un poco de dolor de ovarios, no es una buena mezcla, no, pero hoy en definitiva no será el día de mi muerte.

Inmediatamente supuse que mi muerte no debería ser allí ni así porque en todo caso creo merecerme una muerte un poco más glamorosa si es que la muerte puede gozar de este adjetivo. Me da igual el glamour, pero para la muerte no estaría mal una dosis pequeña, un touch. Quería soñar, quería dormir, quería olvidar el dolor, los perros y los niños de los vecinos ladraban y lloraban y yo sentía que lo hacían al lado mío, daba vueltas, y estaba empezando a tener un dolor muy por arriba de mis umbrales de resistencia.

Recordé entonces los consejos de mi entrenador, hacía poco me había dicho "se tu, tienes que ser tu, siempre, no le hagas caso a nadie, siempre, siempre se tu" y luego me hizo hacer lagartijas. Pero no las lagartijas que comúnmente les hacen hacer a las chicas, eran lagartijas masculinas, con las piernas extendidas. No me dijo cuántas haría sólo empezó a contar y repetía uno-dos, uno-dos, uno-dos, marcándome un ritmo que iba creciendo. Llegó un momento en que no pude resistirlo más, mis músculos abdominales tenían espasmos y mis bíceps hacían unos tics extraños, las gotas de mi cabeza empezaron a chorrearme por toda la cara... y sin embargo no levanté ni una sola vez la mirada para pedir piedad, sólo estaba concentrada y esperando por favor que se terminara, me dolía, sentía dolor, y dolor, hasta que de pronto se esfumó, así sin más, hacía una y otra y otra y otra y el dolor era tal que ya era parte de mí. Entonces él dijo "¡Basta! te puedes ir".

Pero esto no era lo mismo, no podía controlar esta tortura, el oído interno se movía -lo juro- y resultaba ser peor que cualquier pesadilla, si se hubiera movido acompasadamente seguramente hubiera tenido el problema resuelto, listo, solucionado, pero no era así; el maldito se movía cada tres o un segundo y luego cinco, lo sé porque lo estaba contando con los dedos. Tres, uno, cinco, siete, dos, era imposible, no tenía la más mínima lógica, no era ninguna progresión matemática o por lo menos no era ninguna progresión matemática que yo dominara.

Pero cuando estaba con esto en la cabeza, el cd saltó, estaba estropeado, y saltó directamente a la pista tres. Yo sabía que había sido un error poner este disco, pensaba desde la ultratumba con los ojos abiertos mientras que la misma lágrima individual e impúdica me surcaba el rostro. Siempre pasa lo mismo con la canción número tres. Aún así, no tenía la suficiente hidalguía como para levantarme a luchar con el aparato, no se ni programar el despertador y no iba a aprenderlo ahora, que sonara como quisiera, me daba igual, igual la única lágrima ya había salido ya me la había limpiado y siempre sale una, una y nada más.

A todo esto no se de donde viene esta sensiblería inesperada y pienso que tal vez soy una simple nenaza, que todo es mentira que sólo soy una mujer más en el mundo, y para eso no hay remedio, y sigo pensando ¿qué me habrá querido decir el entrenador? ¿esto mismo? oh no, lo que faltaba, dolor de ovarios, dolor de oídos y dudas existenciales, no, es demasiado para mi, no no por favor no, que se meta drácula por la ventana, muerda mi yugular y me vampirice pero dudas existenciales no por favor quien quiera que seas no me hagas esto, ya es suficiente por hoy es suficiente, es demasiado, da igual quien soy, soy el producto de lo que fui siendo, y el que esté completamente contento con su existencia que levante la mano, ya se que ser yo me trae problemas pero no molesto a nadie, o por lo menos no es mi intención ¡lo juro! ¡Váyanse de aquí quienes quieran que sean!

Cuando terminé de decir esto, el cd siguió su marcha, se fue hasta Sly rápidamente pero no se posó ahí y cuando ya estaba puteando sin darme cuenta, salta de nuevo a Better Things. Ahhhh me relaja esa canción, me siento tranquila, entrecierro los ojos y, sin dormirme, me voy, me voy a un sueño, un sueño que no conozco, una atmósfera, una liviandad, una sabana, un elixir, una daga, creo entender que estoy levitando y no me esfuerzo en abrir los ojos, estoy ahí, con mi dolor de oídos pero lo escucho de lejos y sólo me pregunto si no estaré en el cielo, o si esto se siente cuando alcanzas el nirvana, siiii, debe ser muy parecido a esto, es plenitud, ese sentimiento en el pecho que se tiene cuando algo que te gusta te sale bien, pero sin haber hecho especialmente nada, y estoy ahí, y me siento hermosa, irremediablemente hermosa, creo que estoy teniendo visiones, que tengo alucinaciones, que estoy viendo el futuro... oh, si este es mi futuro hoy he tenido una gran noticia, o por lo menos un avance de ella, es lo que quiero para mi, es este estado, es esta satisfacción, creo que ya se por qué he viajado tanto, por qué ha pasado todo esto, por qué las palabras de mi entrenador, por qué el dolor: todo es para llegar a este momento. Y el cd por fin hace caso y repite la canción que había puesto al principio en loop, qué genial, quiero que este momento sea para siempre, o si tengo que morir que sea ahora, todo es tan perfecto, tan lúcido tan nítido que sin darme cuenta estoy frente a los ojos de alguien que desconozco completamente, y sin embargo está tan claro, es tan perfecto tan lúcido tan nítido, que tiene una mirada oscura que sólo se limpia al mirarme, y la canción se repite una y otra vez y no hay esfuerzo no hay dolor no hay sufrimiento, el me entiende, el lo ha comprendido todo, sabe quien soy, sabe lo que necesito, lo sabe todo y su mirada se limpia y se limpia mirándome cada vez más cada vez más cerca, y me doy cuenta que no es el limbo que no es el infierno ni siquiera es el cielo, es real, es posible, no hay preguntas, no hay respuestas, solo es, es, es, es, es, y nadie se somete ni somete ni se siente sometido, sólo nos miramos maravillados por el propio dios particular que ha creado a cada uno y que nos ha hecho tan diferentes, tan penetrantes, tan imperfectos que la canción gira una y mil veces y cada milímetro es observado por el otro, cada gesto es bien interpretado, no cabe lugar al error, a la indiferencia, al metaverso, no es un reencuentro, es un encuentro, y celebramos ese encuentro con un polvo perfecto, un polvo sin complicaciones, un polvo bien intencionado, un polvo exquisito y brutal, si se quiere mágico, un polvo redondo. Me termina besando con los ojos abiertos y le respondo la consideración con una leve suave y contundente contracción vaginal y allí...todo termina.

Como terminan todas las cosas buenas, el cd se queda repitiendo una y otra vez la misma frase "magic whithout love - magic whithout love - magic whithout love" así todas las veces que le es posible. El placer se esfuma y él también, así como nuestra hermosa y relajada posición coital de sentados. Me duelen los oídos. Ahora me duelen los oídos todavía más. Es lo que tiene lo bueno, luego la bajada es un bajón, y ahora siento que sufro, me siento desgarrada, me siento impotente e inútil, he pateado queriendo al aparato de música y en vez de parar de decir “magic whitout love” ha venido Tricky cantando nada más ni nada menos que Karmacoma.

Tengo un dolor tan grande que de poder hacerlo me patearía, sacaría toda la ropa de dentro del armario y la tiraría pero sé que la tendré que recoger y no soy tan tonta así que acierto a dar un buen puñetazo a la puerta, y el dolor de oídos y el dolor de ovarios y el dolor en el corazón que estoy sintiendo ahora mismo hacen que el dolor en la mano no sea nada, hasta que razono. Razón, razón, nunca me abandones, razón. Puedo vivir sin amor, puedo vivir sin mis oídos pero no sin la razón y la razón me dice que debo vestirme e ir a un médico de urgencias como su nombre lo indica: ya.

Me pongo los all star, la falda q me llega a la rodilla y una musculosa con capucha y bolsillos que sé es un poco plancha pero es lo único que tengo a mano y limpio. Salgo. Salgo y me encuentro con un día endemoniadamente brillante pero que me da directamente en la cabeza y en los ojos y simplemente no lo soporto así que supongo que también debo tener algo de fiebre. Me encamino al hospital, queda a unas calles. Me miro en un espejo al pasar y tengo una expresión que sólo tiene un nombre: dolor. No puedo evitar ir tocándome la cabeza y los oídos cada tanto, es inevitable, siento ganas además, de tirarle alguna patada a algún cubo de basura, pero ya no tengo quince años.

Atravieso el parque y observo cómo la gente de mi edad todavía se conserva en la manada, se salvan unos a otros el culo, se toleran, se aguantan la cabeza. Yo hace tiempo me fui de mi manada, y si reviviera mi experiencia aquí no sería más que un teatro, serían "gente de mi edad" pero no mi manada, mi manada está lejos, mi manada -que sé fehacientemente me quiere y yo a ellos, sin necesidad de aplausómetros- me entiende y aun cuando no me comprende del todo me desea lo mejor está lejos, está mirando y está gritando desde algún lado del planeta: arriba arriba vamoarribaaaa... Este pensamiento me alivia y me tortura dependiendo de los días, pero está ahí, y ahí también está el hospital, está ahí, enfrente mío, pero por lo que veo, también está cerrado.

Me acerco a la puerta para forzar la vista acercarme al papel y leer dónde quedan las urgencias de los domingos. Hay dos dependencias para los domingos. Dos calles. Y no se donde queda ninguna de las dos. Vuelvo mis pasos sólo para regresar al parque sólo para preguntarle a alguna anciana o a alguna madre con niños dónde quedan los hospitales de urgencia de los domingos. Me responden que el que queda más cerca también está cerrado hace unos días, se extienden en este detalle y formulan sus hipótesis al respecto y yo sólo quiero que me digan cuál es la dirección buena y en ese caso para dónde debería caminar, así que las interrumpo diciendo no muy educadamente: "¿cuál es la dirección entonces, para dónde tengo que ir?" Me responden que en Florida, me explican que tengo que andar, por lo visto, bastante. Para llegar hasta ahí conozco un atajo, así que no dudo en tomarlo, lamentablemente, como el atajo es una especie de peatonal, no hay árboles, por lo que, me ponga donde me ponga y camine por donde camine, el sol me da de frente. Entre el dolor y el sol, veo a la gente, a las casas, a los animales, a las frutas y a las verduras, como espectros, como fantasmas, como sueños, como bestias salvajes riéndose, todo se vuelve muy redondo, muy oblicuo, muy alargado, muy quebradizo, muy lisérgico. Veo colores donde se que no los hay, veo demonios, veo ángeles, veo muertos.

Comienzo a caminar más despacio, me pecho sin querer con la gente y ahora sólo quiero que aparezca un avión de Pluna, un 546 que me lleve justo a la terminal, meter la mano en mis bolsillos y tener plata para bizcochos y cruzar a la panadería, caminar saludando a los conocidos, llegar a casa y tirarme en el sofá. Me recuesto sin darme cuenta en una pared, pero no todo el cuerpo, sólo la cabeza, quiero llegar quiero que me den la mano. Quiero que alguien me de la mano y me muestre el rumbo que debo tomar en la vida o al menos el rumbo hacia casa o me contento a estas alturas con el rumbo al hospital de urgencias del domingo. Pero no hay mano. Me dejo caer y me siento en la calle, el recuerdo me ha traído también el recuerdo de los mendigos, de la gente metiéndose a los contenedores, de los niños haciendo malabares en Av. Italia y cantando en los ómnibus sea la hora que sea. Me tapo la cara con las manos: quiero llorar, siento que voy a llorar, y si fuera capaz de llorar ahora sería magnífico, sería la mejor excusa para llorar así de paso por todo, por ellos, por mi manada y por el dolor de ovarios, por el dolor de oídos, por no tener dinero, por no tener ibuprofeno, por no tener cigarros ni la voluntad para pedirlos, pero sobre todo y muy a pesar mío por ese sueño perfecto que me ha presentado en sueños a ese hombre imperfecto de mirada oscura y limpia que me entrega todas sus emociones en un polvo contundente magnífico y redondo sin pedirme que cambie, fuera de la frontera de los lugares comunes.

Me siento hundida, siento que soy presa de mis pesadillas, de mis laberintos, de mis propios sueños, y sin poder llorar aun reúno la fuerza suficiente como para mirar a un costado, mirar al otro, ubicarme, levantarme, y calcular para dónde tengo que caminar. Aunque muchos no me crean, Henry Miller camina a mi lado. No estoy del todo segura cómo ha sido, cómo ha llegado, pero está ahí, caminando al lado mío, riéndose de ladeado, mirándome de arriba abajo sin que yo le merezca en este momento el más mínimo piropo o comentario de aprobación. Trato de ponerme a la altura de las circunstancias pero es en vano, Henry es muy listo y ahora suelta una carcajada, así que lo dejo todo y simplemente soy yo y me alegro que Henry esté a mi lado, aunque sea para reírse de mi. Mientras se prende un cigarro me dice:

- ¿Cómo la llevas?
- En qué orden de la vida?
- En qué va a ser, macaca, responde rápido, vamos, que no tengo todo el día
- Supongo que como tu, dejando escapar las cosas importantes
- Bah, tonta, tu no sabes nada de mi, pero bueno, no te preocupes, en todo caso es el estigma
- Qué estigma?
- Tienes inspiración, no?
- Sí, y?
- pues entonces no te quejas
- Yo nunca firmé nada en donde aceptara la inspiración a cambio de un estigma
- Pero querías ser de los nuestros, no?
- Pues....sí... pero...
- Pues ya está, esa es toda la realidad y es lo único que debes saber
- Tu no puedes estar acá, tu estas muerto!
- Yo muerto? Yo estoy más vivo que tu! yo soy atemporal, soy universal, eterno, imperecedero, nunca lo olvides. Y sácate las manos de los bolsillos aprende a comportarte como una mujer, demuestra que tienes un agujero entre las piernas.
- Ufa, vos también?! Cundo yo...

Cuando iba a decir “cuando yo voy así me siento cómoda”, él cruzó la calle y se empezó a manosear y a besuquear con una mujer, y por los rasgos delicados identifiqué claramente a Anaïs Nin, me dio tanta emoción verlos juntos librando su batalla sexual en la calle, que enseguida saqué la cámara del bolso, la prendí y los enfoqué. Pero cuando vi por la pantalla, no había nada, estaba todo oscuro. Pensé que la cámara estaba rota, así que la apagué y la prendí de nuevo. Pero no demoré en comprender qué sólo ellos se podían ver. Al comprenderlo, desaparecieron.

Seguí camino al hospital de urgencias del domingo, y nada cambiaba, era un día espectacular, la gente caminaba, los novios se besaban, las familias disfrutaban y los ancianos conversaban. En la próxima acera terminaba la peatonal y tendría que cruzar e ir por una calle bastante angosta y antigua. Sin darme una cuenta meridiana de lo que hacía, crucé en rojo, me tocaron bocina y llegué al otro lado dando una serie de ridículos saltitos. Estaba sana y salva pero con dolor de ovarios dolor de oídos y todo lo que ya creo les ha quedado claro. El sol me seguía dando de frente, lo que no me permitía ver bien de dónde venían esos gritos.

A gritos, como decía, se escuchaba de un lado ¡pedanteeee! y de más allá ¡indócil! y de más acá de nuevo y ahora con voz masculina: ¡desinteresada! Luego todos a coro ¡pedante, indócil, desinteresada! ¡buuuu! Me hice una visera con la mano y mire para arriba: estaban en los balcones y en las azoteas, eran unos seres muy feos, con ruleros ellas, y con camisetas agujereadas ellos, verdes ambos, con ojos muy pequeños y narices muy grandes, y bocas más grandes aún, con sendos huecos entre los dientes. Me paré y di un vistazo al panorama con la cabeza todavía hacia arriba y mi mano haciendo de visera. A lo lejos uno dijo ¡Síiiii, túuuuu, indóciiiil! Todo lo demás siguió siendo a los gritos, yo parada mirándolos, y ellos desde arriba gritándome, y supuse que debía responder:

-¿Yo? ¿Me estás hablando a mí?
- Síiiii, dijo otra, siiii ve por el, ve por el
- Que vaya por quién?
- Por quien va a ser mecagonlaputa, dijo otro, por él
- ¿Por Henry?

Todos se rieron a la vez, un largo rato además, hasta que una respondió ¡el sueño, el sueño! ¡Pero eso fue un sueño! le respondí, ¡Además cara de qué tengo qué venga él, no?!

Todos dijeron a la vez: ohhhhhhhhhhhh, y luego uhhhhhhhhh, se rieron de vuelta a lo loco, y sólo interrumpieron su jolgorio para decir a la vez: -¡Pedante, indócil, desinteresada!

Yo bajé la cabeza, me agarré la oreja izquierda, miré hacia el frente y mientras ellos seguían su cantito estúpido caminé como si nada me importara pero deseando poder llegar a la esquina para doblar y perderlos de vista. Cuando lo conseguí, me di vuelta, miré hacia arriba y les respondí:

-¡Quédense ustedes con sus amorcitos de hipoteca, imbéciles!- y doblé.

Ni bien doblé no se sintió ningún tipo de respuesta, así que deduje que nadie tenía una objeción para con mi comentario.

En ese momento sentía un dolor tan grande a nivel general, y había tenido que esforzarme tanto en interpretar y digerir los diálogos, que por lo único que me hubiera quejado llegado el momento y tal vez hasta les hubiera dado la razón a los infames duendes era no tener a mi lado una pareja con la confianza lo suficientemente madura para pedirle -por primera y única vez- que me diera un derechazo en la cara y que me dejara KO sólo para no sufrir más hasta que fuera lunes y pudiera comprar ibuprofeno. Pero supuse que en este mundo no habría un hombre con los huevos tan grandes ni tan bien puestos como mi pequeño par de ovarios. Así que volví, entré directamente a la cocina, tomé un envase de vidrio de la despensa, y me lo estrellé ahí mismo contra la cabeza.



L´Hospitalet

La chaqueta de Chris

Días soleados en días de invierno. La tregua instaurada que nos deja el clima. Una camisa remangada, el pelo suelto, volando de a poquito y despacio. Con algo de abrigo a cuestas pero sin mucho peso sobre nosotros excepto alguna nube, liviana y flirteando con las colinas. Un probable olor a sal de las orillas, anticipando alguna lluvia y alguna retirada, son los que suelen invitarnos a pensar en un mundo sonoro y posible, y dejarnos llevar por cada nota inevitable mientras caminamos hacia algún lugar incierto, pero seguramente verdoso.

Los malos días para la poesía son buenos días para la música, susurraba casi entre dientes el estimado Billy, quien ahora se acercaba entre un extraño cerrar de ojos posiblemente no tanto por la claridad de la tarde sino por la oscuridad de donde provenía:

- Cuando me dijiste que el día estaba así tuve que imaginármelo, y fue algo difícil así que decidí comprobarlo por mí mismo.
- Es que no es tan complicado, es abrir las cortinas en cuanto despertás... un poco, al menos.
- ¿Un poco, dices?
– Seh. O sino yo te aviso…
- ¿Me avisas sobre si el día puede ser bonito o si tengo que abrir las ventanas? Para mi un día bonito tal vez no sea lo que para ti es un día bonito; esos arranques de optimismo tuyos me marean a veces, sabes, no lo digo por mal pero a menudo, no tu, sino todos, todos nosotros, no deberíamos ser tan confiados en la naturaleza de la condición humana.
– Bill….
– Ok ok, el día está… bien, podría estar mejor pero está bien, se nublará dentro de poco y lloverá y… estará aún mejor.
– ¿Dónde está tu bajista? Sé que no es tuya, y que tiene un nombre, y tiene un nombre hermoso, y para mí además es la mejor bajista. Antes solía poner los ecualizadores de tal manera que
 – Que escuchabas los graves más altos. Cada vez que hablamos me cuentas lo mismo, me ha quedado claro. Y se llama Darcy.
- ¡Cierto! ¡Dónde está?
– Ni idea, pero podemos llamarla, o puedes llamarla yo no tengo conmigo el teléfono.
– Yo no tengo saldo.
– Podemos llamarla telepáticamente...
– Podemos evocarla...
– Ecualízate con los graves altos, tal vez aparezca así de la nada, detrás de algún árbol...
– Pensándolo bien me daría un poco de cosita que apareciera así.
- A ti todo te da un poco de yuyu y luego me necesitas.
- No siempre te necesito a ti, eso no es cierto.
- Nos necesitas la mayoría de las veces. O nos terminas necesitando, que es incluso peor. Mira, ahí viene tu amorcito.
- No es mi amorcito, y además, lo conozco antes que a ustedes...
- wow, qué deshonor con tu amorcito...
- No-es-mi-amorcito... ¿Cómo estoy? ¿Estoy guapa?
- Estás conmigo; todo el mundo se ve guapo al lado mío.
- ¡Tu tienes una gran personalidad!
- No me entretengas. Él es guapo, con una gran personalidad y canta mejor...  y ahora... intenta de ahora en más por favor relativizar todo lo que vayas a decir, o me voy.

Chris se acercaba un poco con las manos en los bolsillos, como buscando algo o cerciorándose de que algo siguiera allí, nos vio y quedó levemente inclinado hacia atrás por un segundo con una ceja para arriba y otra para abajo. Bill y él se saludaron y mi mueca instantánea se activó así que miré para el piso, había una botella y la pateé, pero como no soy buena jugadora la pateé para el lugar equivocado, y fue a parar a los pies de Chris, que terminó por sacarla del camino. Los dos nos lo quedamos mirando y él se encogió de brazos, nadie dijo nada entonces comenzó a reírse tapándose la cara, que es como adoro que él se ría, o como adoro que se ría cualquier chico que me gusta, o cualquier chico que empieza a gustarme, o cualquier chico.

Estaba con el pelo largo, como yo lo recordaba, y nunca llegamos a saludarnos porque cuando venía hacia mí hizo un gesto extraño, de aprobación y simpatía absoluta, que me dejaron tan sorprendida que, como era de esperar, lo solucioné con el típico gesto a continuación del semipiropo de cualquiera, que es reírme hacia el costado. Yo sé que me está pasando algo hermoso pero la otra persona piensa que… que… que le estoy dando vuelta la cara.

Bajaban los Chili por las escaleras, buen rollo asegurado, y me fui corriendo a perseguir a Flea que corre muy rápido pero no tanto  como para esperar a que yo me suba a cacunda y sigamos así por un rato con las manos levantadas. Finalmente se tiró al piso y nos reímos muchísimo. Los demás se pusieron a fumar en mitad del camino mientras se saludaban y nosotros en el piso: ¡Te he visto! ¡Te he venido a salvar! ¿¡Por qué siempre haces eso!? ¡Te estaba mirando y miraste para el otro lado!
–Cuando algo me gusta mucho hago eso… no sé por qué
-Lo mismo pasó con el piropo aquél… ¿cómo era?… pero tu falda es la risa de los rocanroles
- Pero nena, tu risa es la magia de los rocanroles...
- ¡Y nunca supiste quién había sido! ¡En vez... en vez de mirar!
- Y era un buen piropo...
- ¡Era un gran piropo! ¿Y ahora?
- Nada, yo sólo quiero preguntarle algo...
-¡Pues habla con él!
- Me taro...
- ¡Ya nos dimos cuenta!
- Yo no puedo ir y colgarme de la espalda de Chris...
- ¿Por qué?
- Porque contigo es sencillo, descontracturado.
- Vamos cariñoooooo, aprovecha ahora, somos pocos, luego viene Scott y todo se despercibe un poco, por cierto, allí viene…. No mires...
-¡¿Dónde?!
- ... y eso que te he dicho que no miraras...


Todos seguimos la marcha, como arlequines o parte de una banda sinfónica desarticulada, pero sin instrumentos. Lo saludábamos de a uno, como si estuviéramos en un cuasi funeral, diciéndole que todo estaría bien, y nos adelantamos nosotros mientras le iba diciendo algo así como que Chester no me gustaba nada, pero nada nada, y en realidad no se lo decía por adularlo, es que no me gusta nada de verdad. Y parece ser que resulté ser bastante contundente con mi honestidad, porque mientras miraba a la lejanía hacía una mueca de compasión a sí mismo y al mundo con un gesto hacía el otro costado, lo que para mi, claro, es mucha dicha, aunque tal vez me haya dado vuelta la cara. - Ché, no te lo tomes a mal, me encanta tu compañía pero en algunas cuadras, antes que se haga tarde, me gustaría hablar con Chris... No es nada personal, pero lo mío contigo no es… - ¿No es…? – No es "puro" precisamente, no es muy "platónico" que digamos – Ajá – Yo no pienso en vos como en algo… pienso más como en algo 

- ¿algo….? – Sabés? No entiendo por qué llevas esa bufanda todo el tiempo. Conozco muchos hombres de tu edad que siguen siendo chicos de su edad. – Mi bufanda. – Sí, tendríamos que tirar esa bufanda… en el próximo contenedor… - O sea, piensas en mi más como… bufandas. – Por favor… - Ok, está Chris, hablemos de bufandas. No te gusta mi bufanda. – Yo creo que podrías cuidarte la garganta con algún pañuelo, algo más… - Algo que no sea una bufanda. Tiremos pues, la bufanda, en el próximo contenedor. Toma – Además esta bufanda mirá el color, es marrón a cuadros ¿de dónde sacaste esto? Y la textura y... um qué bien huele…. Huele muuuy bien. – Chris. – Cierto. – Bufanda, contenedor. – Bufanda contenedor, cierto. – Bufanda contenedor.


Cuando nos acercamos al contenedor y apreté el pie para que subiera la tapa y la tiré no sin antes olerla otro poco y mientras me decía algo así como macaca sentí un pellizco en la pierna a unos segundos de la nalga. Di vuelta con mis ojos panorámicos para decirle Chrisssssss, y dijo: baj, yo vi que estaba mirando para otro lado... y no creo que tengas chance. – ¡Yo sólo quiero preguntarle algo! – Y yo quiero terminar con el hambre del mundo. Aquí Rock, allí Valses de Strauss –Él entendería que sólo quiero sacarme una duda – Aaaaah, ¡porque es sensible! claro, vaya, lo olvidaba, qué gran detalle. Pierdes el tiempo. – Para mí es una duda importante. – Pues tú misma, te pierdes de algo interesante. – Bueno, presentámelo porque jamás hablamos. – Ah, bueno, esto ya es extrema estupidez. Ven conmigo.

-           Chris, Xime, Xime, Chris.
Os vais a cagar, hizo con las manos.

Chris y yo caminábamos ahora por el borde de la vereda, yo comiéndome un poco no tanto por él sino por la tentación de caminar con un pie tras de otro por el cordón con las manos un poco levantadas, pero ya no pude ser espontánea desde ahí a lo que va del cuento. Cuando acerté a mirar él miraba para el piso con el ceño un poco fruncido, y no quise sacar conjeturas. No sólo no me moví de allí mientras andábamos porque sería muy tonto de mi parte sino porque cuando intenté hacerlo, todos los demás, ahora con la sonrisa reciente de Eddie cuando saltaba, me hacían con la mano como no-no-no vengas para aquí y Flea con la boca apretando como si se volviera un pequeño ano me decía no-no-no jodas ni te muevas. Así que seguí allí mientras buscaba alguna cosa para decir de preámbulo antes de mi duda a estas alturas existencial.

Miraba pues, hacia lo alto, como quien va mirando una ciudad que no conoce y se sorprende con gárgolas o algún faro acuñado en hierro en forma extraña que le da a uno la leve sensación de decir algo seguramente inútil pero que refrescará el silencio y, quién sabe, hasta puede parecer un atisbo de relacionamiento cultural… Pero no, sólo había edificios, gente colgando su ropa, y entonces ya como que me había olvidado de Chris sólo para encontrar algo interesante que comentarle a Chris cuando me dice señalando con el dedo: ¿Ves aquella libélula incandescente que está allí dando vueltas? Como el tonto mira el dedo y no la luna,  hice un lento y extenso recorrido visual desde el índice pasando por su falange, los huesos metacarpianos, la remera negra tornasolada hasta que por suerte una voz que ahora parecía lejana me indicaba nuevamente - ¿Allí, la ves? Así que me concentré ahora más lentamente de lo que  quería en hacer el recorrido inverso, descolgarme de la uña un poco larga del índice para volar hacia un horizonte un poco nublado para encontrar algún punto resplandeciente sin tener mucha suerte, en verdad, pero esforzándome en ello, cuando me dice otra vez pero agarrándome un poco de las sienes pero no forzosamente: ¿Allí, lo ves? Es David Bowie – Wow, a mi me parece como…como… como una libélula con luz – Como sea, es David Bowie. 

Presté atención a lo que en realidad me parecía una luciérnaga grande y lo miré a él, y tomando un poco de posición dije: Disculpá, pero eso es una libélula. Una libélula grande, tal vez, pero… es una libélula. Entonces se intoxicó un poco con lo que iba fumando y se sonrió y yo recé un otro poco, sólo un poco, para que no se tapara la cara mientras lo hacía, y creo que se notó mi pensamiento porque me revolvió el pelo con la mano y me empujó. Un poco también.


Con mi mueca tonta instalada, la cara hacia el otro lado, me encuentro con todos los demás más Eddie cuando saltaba más Joshua que se había instalado en el medio y todos a su vez gesticulando de alguna manera con las manos como para que me sacara de encima por fin la terrible duda. Pero sin pensarlo mucho, como había visto a Joshua me dieron ganas de saludarlo y contarle algo que sólo a él podía contarle y sin volver a pensarlo mucho y en un gesto verdaderamente espontáneo sin hacerme la coqueta le tomé la mano (a Chris) y le dije ¿Me aguantas que quiero contarle a Joshua algo que sólo le puedo contar a Joshua y vengo?

Dijo que claro, y toda la banda se desvaneció de manos abiertas como si su cuadro favorito hubiera errado un penal y seguidamente vuelvo la cara hacia él que ya no estaba parado sino sentado con las piernas abiertas jugando con un pastito y vuelvo a mirar pero esta vez acercándome cuando Flea se toma la frente y yo me voy acercando a Joshua y Joshua a mi para decirle: Tengo que contarte lo que me pasó en tu concierto y sólo a vos puedo contártelo.

Nos agarramos muy compadremente del brazo y nos fuimos para algún semi hueco no sin antes pasar por Eddie cuando saltaba y arrimarme al oído y decirle: por favor, ni siquiera tararees. A lo que él, bajando la cabeza en señal de namaste, volvió a subirla para decir: sin palabras. Seguimos con Joshua  el camino y yo respiraba solo porque a veces el entendimiento suele ser tan sensato y real que no necesita más.

Debajo de unas escaleras le contaba a Joshua lo sucedido en el  concierto mientras mirábamos a los demás, que estaban tranquilos unos e intranquilos otros porque la neblina iba bajando, llegaríamos tarde, o se nos haría tarde y nos agarraría la lluvia y no era precisamente verano y todos íbamos muy así nomás. Joshua se rió con mi anécdota, haciendo un gesto con sus dedos odiosos cerrando su boca, aunque no soy más el indicado -acotó- y me abrazó con un leve vaivén. Gesto totalmente sano entre nosotros pero tal vez no a la vista de los otros, ya que al volver Flea me miraba como ¿qué estás haciendo? Y Scott con un gesto de desaprobación total mostrándome por debajo de la rodilla un índice doblado que se juntaba con el comienzo del pulgar para decir: te aprieta el culito…

Joshua lo vio y siguió riéndose más largamente y yo suspiré porque Chris seguía sentado mirando muy de vez en cuando pero en rueda con sus interlocutores, sin emitir palabra, jugando con el pastito y volviendo cada tanto para seguir con la mirada el vuelo de la libélula. Perdón, el vuelo de David Bowie.

Como prometí que volvería, volví a su lado, y como no sabía que hacer, pues, me puse a mirar la libélula mientras él se levantaba para que siguiéramos todos el camino hacia el parque.

La libélula, la extraña libélula, vista más de cerca realmente no volaba como libélula, más bien hacía como gestos involuntarios de rodearnos y luego muy rápidamente volaba hacia algún punto muchos pasos delante nuestro, nos esperaba allí, nos rodeaba y luego muy rápidamente volaba hacia otro punto más allá, como mostrándonos el camino. Había captado mi total atención, y viendo un poco de refilón a Chris él estaba también absorto con ella; pero sorprendiéndome ahora con otra mirada de refilón me dice muy seriamente: Es David Bowie. Y lo dijo así, enfáticamente, como si lo hubiera reconocido, como si se hubiesen visto así toda la vida. De la mirada de  Chris a la libélula y de la libélula a la mirada de Chris, le pregunto: ¿Y siempre tiene el mismo color? Él como que lo pensó y dijo: El color que tú quieras-. Entonces sonreímos hacia el piso y dijo: no, él tiene el color de él, que es inconfundible.


- Tengo  que preguntarte algo, en realidad, contarte algo, y luego preguntarte. 
Y no dijo nada. Sólo puso cara de con qué vendrá pero bien, adelante, o eso supuse, y me di pie libre para extenderme mientras él escuchaba, o eso creía, sin perder de vista a David.

-Hace muchos años, en realidad no tantos, como tres años o así, yo fui a un bar, sola. Esa noche mi loquesea, que era más mi lo qué que sea, no podía salir, creo que estaba enfermo, pero nos vimos un rato antes, y yo no tenía ganas de volver tan temprano a casa, así que le dije que me iría a tomar algo al bar. Conocía a la gente del bar,  no sería un gran problema , porque siempre tendría algún objeto de conversación con el camarero ante cualquier emergencia o duda. Bueno, yo sólo le dije a mi loquesea que iría al bar, y el bromeó al respecto de que yo saldría esa noche y el volvería a su casa, y fue algo lindo porque sólo esas relaciones están buenas aunque no sean relaciones… Entonces Chris dejó de mirar a Bowie para mirarme a mi, creo que como para que fuera un poco más al asunto, así que dije: El caso es que yo fui al bar, un bar que no era de mi barrio, ni de mi ciudad, pero un bar que conocía, y entré y pedí una grapa miel con limoncelo, porque hacía mucho frío… Y… entonces, cómo explicarlo… Ta nada, una boludez (qué típico). 
Ni bien terminé de decir boludez sentí un pequeño golpe en la nuca y me di vuelta para ver a Flea revolviendo el aire con mano hacia delante movilizando el viento para que yo siguiera.

- Entonces nada, me sirvieron la grapamiel con limoncelo y entre los parroquianos del lugar me pareció que en frente, justo en frente, del otro lado de la barra, estabas vos. Pero, me pareció… nada que ver.
Fuera de todo pronóstico, Chris me devuolvía una mirada intrigada y expectante para preguntarme: ¿Y tú, qué hiciste?
Ésta vez, sonriéndole con los ojos como quien vuelve en el verbo del recuerdo a encontrarse con un recuerdo, y sintiéndome bastante tonta por lo que iba a responder, digo: Bueno, te miré digamos que muy fijamente, y vos te pusiste a mirar una pared muy lejana. Quería verte desde otros ángulos para cerciorarme pero no tan decididamente como para incomodar, y como no lo lograba, salí del bar, llamé a mi loquesea y le dije: Creo que estoy pirando, pero está Chris en el bar...
-¿Y él que te dijo?
Me dijo: en ésta vida todo puede ser, sí, puede ser él, yo que sé, encaralo.
Y sentí como un atisbo de amor, tal vez ese amor que sólo se encuentra en la libertad, y le respondí: ¡pero cómo lo voy a encarar si estoy saliendo contigo! Así que supongo que debe haber sentido como un atisbo de amor que sólo viene de la alta fidelidad. Guardé el teléfono y entré al bar dispuesta a, por lo menos, sacarme la duda preguntándole al camarero.
-¿Y entonces?
 -En mi silla ya no estaba mi chaqueta. Siempre pierdo mis chaquetas, mis mejores chaquetas, pero ésta era mi chaqueta preferida, como de un cuero desmejorado y agrietado, que alguna vez habría sido verde, que quería mucho. En vez de preguntarle por ti le pregunté si había visto la chaqueta. Recorrí todo el bar buscándola, no la encontré, miré por la ventana, estaba detenido el bus que me llevaría a casa, pasaba cada muchas horas, salí rápido, sorbo y saludo al camarero mediante... Sólo cuando subí al bus y me senté a mirar por la ventana pero hacia el bar mientras esperaba que arrancara me acordé que cabía la extraña posibilidad de que vos estuvieras dentro y ...bueno... luego me quedó la duda.

Él estaba más serio que antes,  no miraba a la libélula, se acomodaba los huesos del cuello con el rostro y luego las vértebras con la espalda y la cintura con los omóplatos, y no se lo veía muy amigable y cuando pensaba ésto dijo como quien piensa algo que realmente sonará demoledor: "Llegaremos tarde si no nos apuramos."

Es así como las trivialidades de quien nos interesa supongo se nos convierten en certezas poco probables o filosofías cuasi elevadas cuando solamente quieren decir algo como: llegaremos tarde si no nos apuramos. Como cuando nos quedamos pensando en qué querrán decir los puntos suspensivos en el final de un mensaje de texto, como si realmente le faltara el continuará, pero quedándonos en silencio porque sería muy tonto pedirle a quien sea que te respondiera en 140 caracteres qué mierda exactamente significan los tres puntos suspensivos esos, tal vez porque realmente no lo querramos saber, o tal vez, como en  este caso, porque no sea realmente necesario.

Mientras el sol y la neblina jugaban sus apuestas nosotros llegábamos, en silencio, en total silencio, a sentarse unos y recostarnos otros en el pasto, cerca de una laguna bastante inmóvil y densa, pero no por eso menos acuosa y contemplativa. No sé qué estarían pensando los demás, pero yo no estaba pensando en lechugas. Lejano a cualquier pensamiento estaban ellos, claramente, sobrevolándonos y fuera de cualquier contradicción o anécdota, excusa o fragmento. Estábamos congregados para verlos, y tal vez, con mucha suerte, al agudizar cada sentido, sentirlos y escucharlos.

Bill dijo mostrándonos con la vista: es esa, mientras se ponía sus lentes de sol. Todos nos pusimos nuestros lentes de sol y miramos la misma nube. Las oscuridades dentro de ella iban tomando sentido, a veces sí otras no, pero formando una figura, y luego otra y al parecer tres, e iba girando hasta darle textura y la textura le daba color al color. Unos semitonos suaves y transparentes pero no por ello débiles, sino todo lo contrario. Tragué saliva, algunos se llevaron las manos al rostro, otros al lagrimal, otros apretaron los puños, otros la boca. En las nubes las figuras se convertían en rostros, y los rostros a su vez se miraban entre sí, y después a los chicos, entonces Kurt dijo: ¡Hemos quemado todas las arpas! y Layne le dijo: no es cierto, no les digas eso; estamos muy livianos y eso es lo importante. Y Pudimos ver por fin a Jeff, que no dijo nada. Y Kurt volvió a hablar para decir: este enfermo quiere seguir subiendo octavas.

Todos nos reímos, o nos emocionamos, o simplemente llegaron esos espacios en los que sólo queda mirarse, o mirar para el otro lado, o ponerse a cantar algo que no refleje ninguna de las tres cosas, ni romper, ni liviandad, ni octavas. Todo iba disolviéndose, y en vez de cantar, charlamos, mientras se escuchaba de lejos un coro de monjes que, según bromeaban, no eran tan monjes como ellos decían...
 Porque desde que Jeff había llegado por ahí, todos los coros habían cambiado.



Cuando pude abrir los ojos, juro que seguía escuchando un coro de faunos por algún lado, pero en cambio todo estaba muy nublado, mis pies muy fríos, me costaba levantarme, moverme, poner cada hueso en su sitio. Faltaba poco para la noche total, y aunque no me daba cuenta muy bien dónde estaba, decidí caminar. Estaba entresoñoza, quería llegar a casa, y al final, cuando pude ver alguna luz de carretera, estaba Bill, y me apuré para no seguir el camino sola.


Caminábamos sin decir palabra, y empezó a llover. Llovía tan fuerte que dolía. Dolía en la cara. Dolía en la cabeza. Parece que fuera una lluvia de acero, le dije, tendrías que hacer una canción con ese nombre.

- Ya existe una canción así, la hizo Chris Cornell
- Ni idea, no lo conozco
- La hizo en un disco homenaje a Buckley hijo. Eran muy amigos y es un disco muy emotivo.
- Ni idea tampoco
- Soundgarden
- Te juro que no tengo ni idea de quién es.
- Tendrías que conocerlo, creo que te caería bien... Por cierto, cambiando de tema, es hermosa la chaqueta esa verdosa que llevas, ¿Dónde la conseguiste?





Nunca es demasiado

Nunca es demasiado puro
Nunca es demasiado ajenjo
Nunca es demasiado abstracto
paralelo
locuaz
efímero
Nunca es demasiado auténtico
Nunca es demasiado divertido
Nunca es demasiado sincero
directo
jugado
completo
Nunca es demasiado cínico
Nunca es demasiado austero
Nunca es demasiado sensible
limpio
suave
voraz
Nunca es demasiado extrovertido
Nunca es demasiado cómplice
Nunca es demasiado brutal
íntimo
jugoso
amargo
Nunca es demasiado fino
Nunca es demasiado altivo
Nunca es demasiado mío
catártico
personal lacrimógeno
viaje de las mil ausencias
silencio del desgarro
víctima de mi piel
asombro del grito clandestino
mano sagrada
vértebra obscura
canto liviano, más que quejido, un lamento
el seno de una composición, malacabada
el grafo de los años, que ya fueron
mirada que no toca, y me hace llorar,
el arrepentimiento de las veces
que no amé.

Al carajo

"qué es el silencio? Di
aúlla solitaria la multitud
en la sala de los nichos."
Yván Silén



¿Has escrito y no te han sacado los ojos
no te han amputado las piernas
no te han olvidado lejos, allá, en el desierto?

Entonces, querido, no has escrito nada.

Oh... la opulencia lúdica de los seres razonables...
El virgilio de los diletantes....
si hubieras escrito algo
ya no tendrías piernas
ya no tendrías ojos
ya estarías en un volcán de lava,
a tus pies.


Tus peces, mis peces
son sólo pescados
y te sojuzgarán hasta matarte, si es necesario
en el extraverso que se esconde
en la metalengua.

La cueva, el hueco, los agujeros,
son,
al final, el sitio más respirable.

(la merced del octavo día
sólo es un tentempié
en las rodillas de un loro)

La repetición inacabada
de su hartazgo no deja, señores,
de ser rutina.

La finalidad de ser un prohombre
resta la dignidad de quien sufre la poesía.
El otoño de un verbo en infinitivo
no hace del verbo un otoño más rentable.

La suscripción a los brazos de mil musas
no avala una inspiración duradera
no acredita al limbo de los sueños
no otorga ni da beneficios
no exime al poeta de la hoja en blanco
no es perpetuidad satoriana
no es amor, ni siquiera un placebo.

Es el miedo de no ser nada y vencerse
a sí mismo
en una hoja haciendo sapuko.

Pero tu letra, mi letra
sólo es un ejercicio de mierda
en la insolencia de los que "escriben"
Seleccionado para ser censurado,
y en el peor de los casos
para hacer de ti un oprobio.

Pero la lengua daga no se dejará vencer
por chetos recalcitrantes,
egos desmedidos,
promiscuos de la palabra
o resentidos sin talento.

Esos, que juzgan y analizan
resignificando malamente
como si las tumbas mataran a los vivos.

Tu tumba me tumba,
pero no llega a tumbarme con su refrito
de graaaaandes escenas.

Porque al amputarme
y al quitarme los ojos
y al abandonarme sola en un
manicomio vacío me has dicho que existo
paralelamente (por suerte)
a tu verbo subjuntivo.

Y me dejas inamovible
danzando entre caimanes
fruta sincera de la pasión
entera
entre cientos de caras
que tu jamás has visto.

Trastas y Fica II

Fica le explicó que estaba buscando a Trastas.
Trastas le explicó que estaba buscando a Fica.

El viejo sonrió, y no dijo nada.

¿No va a decir nada? Preguntaron, ambos, en páginas distintas.

El viejo le preguntó a Fica, ¿Y tú para qué lo quieres?
-Para dejarle versos en papel higiénico cuando me vaya.

El viejo luego le preguntó a Trastas, ¿Y tú para qué la quieres?
-Para explicarle de qué están hechas las despedidas.

El viejo se acarició la barba, miró la ventana largamente y respondió con una pequeña mueca en el gesto:

-Tomen el camino hacia los garabatos de este libro, cuando no había libro, cuando sólo había un presentimiento de Fica, un sueño de Trastas. Y entonces despertarán.

Poesía sonámbula para dejarse caer

Poesía sonámbula para dejarse caer y el intelecto que descansa. Una frase, un solsticio, un viento, un escampado, una bruma, un microchip puesto en la mano que avisa a la siguiente con un manual de uso tan imperfecto como equivocado. Poesía sonámbula para dejarse caer y el pasado que se envuelve para ser sueño, siempre sueño, siempre pasado, siempre perfecto, siempre reiterativo y armonioso, como los amantes que se besan por primera vez como si fuera a ser el último. Tan prolífico el saber tan traumada la memoria que corta todo en pequeños micromomentos, microcosas y microtemas descompaginados en un segundo, eterno, imparcial, ilógico, el notiempo del tiempo que será o no será o ha sido o nunca acaba o siempre existe allá en algún lado del banco derecho que es detectado por el cosmos abierto y limpio en una noche fría pero no tanto en una ciudad tibia pero no tanto con sus movidas pero no tanto. El sonido del sonido entra y sale viene y va se cansa y se oscurece y nada es todo y todo es nada. La boludez es comparable solo y solo sí a la poesía sonámbula para dejarse caer y el intelecto que descansa. ¿Vivo porque la estrella me mira o vive la estrella porque la estoy mirando? Un segundo de fascinación brilla en el milímetro quince de mi sien, que es donde suceden las cosas, y donde a menudo las olvida, donde juega a ser genial y pelotuda, excepcional y gilipollas. Un segundo de fascinación brilla en el milímetro quince de mi sien, que es donde se gana en las batallas y  se pierde en las tormentas por sucesos tan increíbles que ya no recuerda de donde es que viene la poesía sonámbula que se deja caer cuando el intelecto descansa mientras el viento me advierte en el milímetro quince de mi sien que las estrellas están enojadas porque ya no estamos allí para soñarlas.