Porque no hay donde acordar
el vacío se sumerge
Porque no hay donde buscar
los volcanes se han extinguido
Porque no cerraré las puertas
pero tampoco las dejaré abiertas
Porque aún me queda el olvido
que no es otra cosa que pensar
Porque no hay anzuelos capaces
de poder morder tu boca
Porque tengo resaca de clona
y no veo ya nada
Porque tengo sueño de soñar
las mil retinas de tus pupilas
que no son más que viento
que no son más que mar
que no son más que
un puñado de canciones
que jamás, pero jamás
podremos escuchar juntos.
Del amor al desamor
hay sólo un poema
un click en el bocho
una luz más allá
Del amor al desamor
no hay más que heridas
hechas sin querer
Del amor al desamor
hay esa ternura llena de
esperanza y magia
como cuando te vi
He escrito "El chico lila ha desaparecido de vuelta" alrededor de nueve veces.
El caso es que el chico lila aparece, y desaparece.
Al chico lila un día le dijeron "tu eres de esos tipos que van solos por la vida", y yo le dije años después "yo soy de esas minas que van solas por la vida", y creo que le gustó.
También le dije "yo me defiendo sola" y le hizo gracia.
Una vez lo agarré a golpe de carterazos en una esquina, riñonerazos en realidad, mientras le gritaba cosas muy feas delante de todo el mundo. Era su primer desaparición. Yo estaba indignada. Pero también le causó gracia, y se reía, entonces supe que era un chico lila.
Nadie sabe lo que es un chico lila hasta que lo encuentra, hasta que desaparece, o aparece de vuelta, para desaparecer.
He pensado que el chico lila no existe en realidad.
He pensado que el chico lila es ese amigo imaginario que tenía de pequeña, y que sólo vuela a mi bandeja de entrada cuando más lo necesito, aun sin que yo misma lo sepa.
He pensado que el chico lila ha sido el culpable de ese globo intempestuoso que apareció misteriosamente en mi cumpleaños volando de la nada.
He pensado que el chico lila jamás me ha pedido algo, le gusto como soy, viva o muerta, y eso en este mundo es un fenómeno muy extraño.
He pensado que cada vez que me tomo un tren, también pasa el suyo, pero siempre, siempre, va para el otro lado.
He pensado que tal vez algún día nos miraremos las arrugas, las jorobas y las cicatrices, y diremos "no has cambiado nada"